¿Qué tienen en común fotografía y baloncesto?
Cuando sales a la calle, no sabes si vas a involucrarte en lo que está pasando. Te sientes seguro sin que nada altere tu momento. Y mucho menos tomas la iniciativa de provocar una situación o de meterte en ella.
Observas a otras personas en determinados lugares, toman café, pasean, se divierten…
Tan solo te conformas con percibir algo agradable; un olor, algo bonito, una curiosidad… y entonces, sacas tu móvil, tomas la foto que dentro de un mes borrarás por falta de almacenamiento y, sigues tu camino.
Si te paras a pensar en lo que está pasando delante de ti y buscas un sentido, entonces es cuando entras a formar parte de ese momento.
Este es uno de los motivos por los que hago fotografía. Te acercas con la cámara de fotos y preguntas: “¿puedo yo jugar también?”
Aquel día lo pregunté, y empecé a jugar sin tocar la pelota: Ya estaba dentro de la escena, viendo algo más que unos deportistas jugando un partido de baloncesto.
Planificaban su estrategia y la ponían en práctica; unas veces fallaban, otras acertaban, pero en ambos casos el proceso se repetía. Lo importante parecía ser encestar, pero una vez logrado, la satisfacción duraba poco ya que había que empezar de nuevo otra jugada.
Veía empeño, esfuerzo, ingenio, ilusión, lucha, vitalidad, decepción, alegría, superación… En intentos continuados de llegar lo más alto posible y lograr el objetivo.
Así es nuestro día a día, donde conseguir la meta es solo la parte final del proceso, pero no por ello la más importante.
Quise detener en el tiempo algo que ocurre sin parar a cada instante: Cómo lo intentamos constantemente, sin importar si entra la pelota.
De modo que planifiqué, ensayé… Pero sobre todo, lo intenté, una y otra vez.
Si finalmente lo conseguí… No me hizo más feliz, solo se que me divertí mientras lo hacía.





