Cuando la arboleda no permite conocer a cada árbol.
Cada vez que un viaje me obligaba a pasar cerca de esas choperas, sentía la necesidad de hacer fotografías del lugar, porque con los años tenía la sensación de que la población de estos árboles era menor y, temía que llegara un momento en el que desaparecieran de la Vega de Granada.
Algunos no los consideran tan rentables como otros cultivos, aunque es una industria con mucho potencial de futuro y capaz de generar riqueza económica, ecológica, turismo…
Las choperas han conformado el hábitat característico de la zona, facilitando un espacio beneficioso para las personas y los animales que residen en ese entorno.
Además, es un placer visual y sonoro visitarlas, sobre todo en otoño; gracias a los chopos, el viento suena de otra forma y el horizonte cambia de aspecto según la estación.
Los colores de aquel otoño que no se iba, me hicieron parar y permanecer en silencio delante de los chopos sin pretender ni siquiera hacer alguna fotografía.
Desde lejos, siempre vi a las choperas como conjuntos densos y armoniosos, pero de cerca y separados los árboles unos de otros… Ya no eran tan iguales, tan perfectos, tan rectos.
Nadie va siempre recto del todo por la vida. A mi al menos, ya no me preocupa tanto.
Nosotros también formamos parte de grupos, por creencias espirituales, por status, por el deporte que te gusta… Pero ante todo, porque necesitamos tapar nuestros defectos y carencias como individuos.
Si en algún momento, alguien se tuerce más de la cuenta, se le señala con el patrón que define al grupo, para que rectifique o sea excluido.
El grupo tiene más fuerza, parece mejor, lo cuidamos. Pero, ¿Cuidamos a cada uno de los que pertenecen a él?
…Entonces, encontré un porqué para hacer la foto.






